¿Un fin en mente, pero para qué?

El 2do. Habito de Stephen Covey nos habla sobre tener un fin en mente, pero ¿que significa esto realmente? Como lo puedo aplicar, ¿Para que me sirve esto en mi día a día?

Esto significa comenzar con una clara comprensión de su destino. Significa saber a dónde vamos, de modo que se pueda comprender mejor dónde se está y dar siempre los pasos adecuados en la dirección correcta. Resulta increíblemente fácil caer en la trampa de la actividad, en el ajetreo de la vida, trabajar cada vez más para trepar por la escalera del éxito, y descubrir finalmente que está apoyada en la pared equivocada. Es posible estar atareado —muy atareado— sin ser muy efectivo.

Todas nuestras acciones y actividades tienen que servir para cumplir esa meta que tenemos en nuestra mente, todo tiene que sumar, y para ello, debemos tener un enunciado personal, una meta de vida, algo que debemos cumplir en determinado tiempo.

A diario, las personas se encuentran logrando victorias vacías, éxitos conseguidos sacrificando cosas que súbitamente se comprende que son mucho más valiosas. Pero, es de cuestionarnos, si estos triunfos nos ayudan a alcanzar más nuestra meta de vida. Personas pertenecientes en todos los niveles de la sociedad a menudo luchan por lograr ingresos más altos, más reconocimiento o un cierto grado de competencia profesional, sólo para descubrir que su ansiedad por alcanzar la meta les ha privado de cosas que realmente importan, y que ya han quedado fuera de sus posibilidades.

El hábito de “empezar con un fin en mente”, se basa en que todas las cosas se crean dos veces. Siempre hay primero una creación mental y luego una creación física. Esto quiere decir que de la planificación (sueño) debemos pasar a la acción, sino, nunca se volverá realidad nuestro sueño, pensemos en un momento en nuestra empresa, si queremos tener éxito, corresponde definir con claridad lo que se está tratando de lograr. Debemos utilizar diversas herramientas empresariales para pensar cuidadosamente en el producto o servicio que quiere proveer, enfocándose en el mercado, los clientes y después organiza todos los elementos (financieros, las operaciones, las transacciones, el personal, los medios físicos, etc.) para dar en lo que se ha planificado. La mayor parte de los fracasos empresariales comienzan con una nula o mala planeación, luego una mala comprensión del mercado y por último, falta de acción para corregir dicha situación, dejando pasar el tiempo.

¿Y tu que opinas?, hasta una próxima entrega.

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